Nadie nunca es nada para siempre. Lo eterno, lo divino, tendrá su templo en algún rincón remoto y furtivo, en algún universo lejano y desconocido, pero acá hace rato que no se lo ve. Cuidado! No hay que ofuscarse: pues es ahí donde particularmente reside la magia de las cosas. El que no sabe las reglas de juego siempre termina lastimado.
En poder seguirle el ritmo al tiempo hay un desafío, en saber apreciar la belleza de su paso un goce inefable. Y no importa bien cuanto hay de verdad o de idealización, lo radiante no reconoce su esplendor en sus porqués sino en su mismísima existencia. Nos deja pasmados, nos deja sin palabras, y deposita pensamientos y sensaciones que nos merodean inocentemente en cualquier momento de descuido.
Y es preciso, entonces, reconocer que un abrazo aviva mil cosas. Que en un segundo, o mejor dicho en cada uno de ellos, a lo largo de las horas, se puede encontrar una sonrisa que, rondando la perfección, resumía todo lo lindo y lo triste, el cielo y el infierno, todo siempre inconscientemente. Irradiaba frescura, irradiaba madurez e irradiaba alborozo; 3 al precio de 1.
No pretendo (ni me deja tampoco) separarla de mí; y si pudiera la pondría en un cuadrito para mirarla y mirarla. Final irresoluto, comienzo sin certezas, regocijo del momento.
En poder seguirle el ritmo al tiempo hay un desafío, en saber apreciar la belleza de su paso un goce inefable. Y no importa bien cuanto hay de verdad o de idealización, lo radiante no reconoce su esplendor en sus porqués sino en su mismísima existencia. Nos deja pasmados, nos deja sin palabras, y deposita pensamientos y sensaciones que nos merodean inocentemente en cualquier momento de descuido.
Y es preciso, entonces, reconocer que un abrazo aviva mil cosas. Que en un segundo, o mejor dicho en cada uno de ellos, a lo largo de las horas, se puede encontrar una sonrisa que, rondando la perfección, resumía todo lo lindo y lo triste, el cielo y el infierno, todo siempre inconscientemente. Irradiaba frescura, irradiaba madurez e irradiaba alborozo; 3 al precio de 1.
No pretendo (ni me deja tampoco) separarla de mí; y si pudiera la pondría en un cuadrito para mirarla y mirarla. Final irresoluto, comienzo sin certezas, regocijo del momento.