viernes, 12 de septiembre de 2014

Círculos mágicos

Enzarzado en las palabras de Hesse y su Siddhartha, no sin estoico afán, todavía se desdobla en su inevitable existir y su impostergable disfrutar (qué precario, qué infame). El esfuerzo del no esfuerzo, trabajo ajetreado sí los hay, deja huellas indelebles en esa piel con aspiraciones camaleónicas, inexorables por cierto hasta que la cuerda deliberadamente caprichosa deje de tensar y la relajación se haga carne. Solo es allí y nada más que allí, en ese vergel interno antes despreciado inconscientemente (¡¿cómo culpar al humano?!), donde lo fluido alcanza su plena significación y la vida, o ese ir y venir incesante de pensamientos y sucesos que denominamos como tal, empieza a transcurrir como frenesí incesante de colores vivos, con justificada y petulante prisa.
Los relojes sin proponérselo se descomponen, rinden sus agujas a las 6.30 en gesto de sincera admiración ante tamaño corrimiento ataráxico, donde no hay lugar alguno para la angustia existencial. Encaramado en este nuevo cielo, ahora debe aprender (naturalmente, desde la praxis) a distinguir las estrellas que, en esencia y no-tan-solo en apariencia vuelan a su lado, para darle nombre y forma al círculo mágico que ha logrado perfeccionar.

jueves, 20 de marzo de 2014

Rebelión dosificada

Objeto, objeto la ironía de ser yo mismo
De construir deconstruyendo
De ser guía, juez y rehén de mis emociones
De luchar desde adentro

Perfilo, perfilo intensidad, perfil pérfido propio
Se mezclan oscuridad y claridad en tonos grises
El tacto se vuelve difuso, las cosas mutan
Las alas florecen, el vuelo aun es al ras

Protesto, protesto frente a mi protesta
La clepsidra rebalsa o está vacía, da igual
Conjuran los dichosos casi sin querer
Trafican ilusiones sin quemarse los dedos

Deseo, deseo ardiente, deseo mío
Deseo de no desear lo deseado,
Deseo revolucionarío de status quo
Deseo a secas, deseo al fín




martes, 11 de marzo de 2014

Movimiento estático

En un ansioso ir y venir las cosas se mueven y vuelven al mismo lugar; son y no son las mismas, temible paradoja, pues es parte de su esencia su apariencia y de su apariencia su esencia. Platón en esto quedó en offside. Descolocados, dislocados, los actores aprender a convivir con un mundo que en un parpadeo ha mutado invisiblemente; lo perciben, claro, no lo pueden ver. La acción se torna difusa: los contornos que antes dibujaba nitidamente hoy solo tiñen formas al azar, y en un intento (frenético) de recuperar la firmeza pretenden transformar manchas en obras de arte. Que atrevidos, que arrogantes! Siempre pecando contra lo natural, empañando su curso, en vez de dejar reinar el caos de lo imprevisto. Darwinismo puro: solo los que se adaptan sobreviven.