lunes, 21 de diciembre de 2009

Marcas invisibles

Con lo que cuesta encontrar un poco de amor suelto del que poder gozar, hay días con semejante tupé como para que no pase nada. Nada, simplemente nada. Pasan, se esfuman, el tiempo ya no tiene armas para volverlos a traer, y sin embargo los cúmulos de sensaciones dejan marcas profundas en el alma, aunque no sin esa rara y maravillosa cualidad de la invisibilidad. Todo va a quedar allá atrás mañana, cuando el sol salga de nuevo y las cosas recobren el color que les da su brillo propio, pero, aunque no parezca, nadie sale ileso.

Que miedo a la endeblez, que miedo a la fragilidad, que miedo a querer que se percibe en el aire! Un deseo profundo y constante, una pasión demasiado humana, pero que hoy se distorsiona y deshace adentro de nosotros mismos. Un beso, un abrazo, una sonrisa, una palabra, o un caminar de la mano, todas se ahogan sin siquiera gritar auxilio en este mar convulsionado. Parecen entonces no perdurar, pues el agua, cruel e implacable, todo lo entierra; solo existe aquello que puede sobresalir en la superficie por unos minutos.

¿Cuando fue que las luces de la ciudad cegaron tanto como para poder verse solamente a uno mismo? Hice magia de los más variados colores casi con desesperación y hasta no quise atrapar un rayito de luna porque me parecía berreta; pero hice sin buscar nada a cambio. Parece que desnudarse a diario no es la receta, el egoísmo tiene esa puta capacidad de no valorar las emociones. Será cuestión de seguir tirando los dados…


domingo, 20 de septiembre de 2009

Fantasía paga y demagogia descarada

Me preocupa que otra vez haya aparecido la demagogia barata con temas que nos tocan a todos; los tendemos a simplificar quizás por miedo a sentirnos culpables y así en la obligación de tener que actuar. Nos gusta que nos pinten las cosas como esperamos; solo los que pueden darse el lujo de tener una imagen en color de sus vidas se animan a ver el fraude de lo que nos acaban de trazar.

Tengo ganas de hablar de esto no desde una posición moralista, como quien condena y rechaza este mundo de la noche como un problema de “otro”, sino como alguien que forma parte de él cada fin de semana. Primer párrafo de este texto en mano, es que me gustaría rechazar y aplastar argumentalmente estas medidas gubernamentales que quieren poner límite a los horarios de los boliches, para “solucionar el problema de la exacerbación de la violencia que nos atraviesa todos los días y por todas partes”.

Me gustaría pensar, para poder entender bien el tema y problema, que es lo que representa la noche para el que incursiona en ella, quizás más todavía que es lo que se busca en ella. Es que dejando por un rato de lado la institución social que representa, digo esa paradoja de solo poder divertirnos en un lugar cerrado y pago, la noche tiene sus propios códigos (que poco a poco vamos interiorizando hasta que ya no nos resultan extraños). El boliche en ese lugar oscuro del mundo donde las reglas que todos los días rigen nuestras relaciones sociales pueden alterarse y hasta invertirse. Nos está tentando todo el tiempo con la posibilidad de ser lo que no somos afuera, lugar donde todo está al alcance de la mano, todo lo que afuera parece lejano a nuestro alcance. El alcohol, a mi manera de entender las cosas, no viene a ser más que ese instrumento necesario para poder hacernos creer a nosotros mismos que esa posibilidad es real y al mismo tiempo sempiterna. Y no es ni lo uno ni lo otro: ahí está el problema. La noche no dura para siempre, el mundo, de a poquito, con la luz de la mañana, va retomando su color, y lamentablemente sigue ahí inmutable, tajante e inmóvil como lo dejamos unas horas atrás.

Nos venden fantasía ahí adentro. Nos venden humo. Y nosotros compramos sea como sea, cueste lo que cueste. Mujeres regaladas que no se quieren ni un poquito, música a todo volumen que no nos deja pensar (¿Para qué a fin de cuentas?), discriminación, privilegios por hacerte “amigos” del ambiente, orden, disciplinamiento y control patovica, entre otras tantas cosas; lucro lucro y más lucro a costa nuestra al fin y al cabo parece ser el único fin: somos simples multitudes que depositamos nuestro dinero ordenadamente en sus ventanillas.

Me pregunto porque nos dejamos engañar así, y no puedo responderme si es que a esta altura ya les creemos o al menos todavía seguimos eligiendo creerles: en un caso sería derrota en el otro tristeza. Resulta que nos robaron los valores, las ideas, las ilusiones, los colores, los aromas y ahora nos los cobran y encima resultan ser de cotillón: son descartables, truchos, pero sin aprender la lección los volvemos a buscar semana tras semana. Ya no nos explotan solo los días de semanas, los fines de semana lo hacen también más sutilmente. Ya no solo son los dueños de nuestro trabajo sino también de nuestra diversión.

Tenemos que entender que este proceso no se dio de un día para el otro, no, de ninguna manera. El vacío con el que nos dejaron no se produce tan fácilmente, son años de práctica constante e ininterrumpida. Y en esto hay que ser muy ingenuos si creemos que se puede dictar falta de meritos al poder político de los últimos 30 años: es a través del Estado y sus instituciones que, representando los intereses del poder económico dominante, nos han llevado a esta especie de desintegración cultural. Ahora vienen a hacerse los desentendidos y abogando por el bienestar de los jóvenes, aplican medidas superficiales para regular la movida nocturna.

"¿Qué les pasa a los jóvenes de hoy? Se preguntan descaradamente todo el tiempo. Con sus computadoras, sus Ipods, sus fotologs, sus facebooks, no hacen más que tomar cerveza y fumar porro, no tienen metas, ni principios, ni respetan a sus mayores... La juventud está perdida."

"Nos legaron una farsa donde no nos podemos encontrar y se preguntan qué nos pasa…"

sábado, 13 de junio de 2009

Atilio nada

Mientras volvía manejando ayer a la noche se le cruzó algo muy pero muy rápido por la cabeza, y sin embargo no sabe porque fue, pero quiso pensarlo. Pensó, así de la nada, en que extrañaba a una de sus tantas ellas, una que duró unos cuantos meses en su vida, y que, como todo tiempo pasado, recuerda por lo bueno: su sonrisa, su autenticidad, su simpleza.

Trató que el engaño dure un poquito más; las construcciones que hacemos para defendernos y justificarnos no se esfuman por lo general de un minuto para el otro, pero esta vez algo falló. Se dio cuenta demasiado rápido, más de lo necesario para no herirse, que no la quería a ella, se quería a él sintiendo la sensación de tenerla al lado suyo. Y no porque ella tuviese algo particular, algo exótico, de lo que le gustara hacer alardes frente al mundo, como pudo pasar otras veces; no, era bien suyo, apretaba adentro, sensación de tener alguien al lado, de sentirse bien su yo con su otro yo.

Se angustió al dudar que si la cambiaban por un cactus le pasara lo mismo. ¿Nada de lo que le pasó estaba en ella en definitiva entonces? ¿Le pasará así con todas ellas? ¿Todo lo montó él en su cabeza para llenarse y cuando alguien está intentando entrar tira el yenga? Suplica que si alguien responde afirmativamente a estas 3 preguntas, no lo diga sin vasos de fernet en sendas manos. La verdad no quiebra pero si a veces precisamos que camine zigzagueando.

Se le cruzó entonces filosofía, de esa que aflora por los poros de la memoria reciente. Todo en constante cambio, todo líquido, posmodernidad. Todo efímero, todo individual, todo ya. El problema de eso es que se agota al mismo tiempo que se alcanza, y el aburrimiento y malestar derivado de no poder prolongarlo al infinito es inexorable.







jueves, 28 de mayo de 2009

Moro - Utopía (Libro II)

¿Hay alguna justicia o gratitud en un sistema social que malgasta tanto en los así llamados nobles, orfebres y gente por el estilo, los cuales son totalmente improductivos o simplemente artífices de bienes de lujo o de entretenimiento, pero no tienen tales consideraciones para con los campesinos, carboneros, trabajadores, cocheros o carpinteros, sin los cuales la sociedad no podría existir? El colmo de la ingratitud llega cuando están viejos, enfermos y completamente menesterosos; habiéndose aprovechado de ellos durante los mejores años de sus vidas, la sociedad olvida las horas sin sueño que han destinado a su servicio, y les paga por todo el trabajo vital que han realizado dejándolos morir en la miseria.
...
Como si no fuera ya lo suficientemente injusto que el hombre que más contribuye al bienestar de la sociedad obtenga a cambio lo mínimo, lo empeoran todavía más haciendo los arreglos necesarios para que la injusticia sea legalmente presentada como justicia.
Es por eso que cualquier sistema social que prevalece hoy en el mundo, no puedo verlo más que como una conspiración de los ricos para hacer prevalecer sus propios intereses, con el pretexto de estar en realidad organizando a la sociedad. Inventan todo tipo de ardides y argucias, primero para mantener a salvo sus ganancias mal habidas y después para explotar al pobre al comprar su trabajo al menor precio posible.
...
sino fuera por la abominable raíz de todos los males, la soberbia. El criterio de prosperidad para ella no es lo que uno tiene sino lo que los otros no tienen. La soberbia se resistiría a poner los pies en el paraíso si supiera que no hay clases sociales sin privilegios a las cuales poder mandar y contemplar con perversa satisfacción, nadie cuya miseria pueda servir como contraste para su propia felicidad o cuya pobreza ella pueda hacer más dura de soportar al ostentar su propia riqueza. Está tan arraigada en la naturaleza humana que no es fácil extirparla.

Cuanta verdad a veces eh!

jueves, 7 de mayo de 2009

Platón - República VIII 561c-d

"Entonces -dije yo-, vive así día tras día, complaciendo cada placer que se le cruza: unas veces se emborracha al son de la flauta, y luego toma solo agua y se pone a dieta mientras se entrega además a hacer ejercicios. Hay veces que holgazanea y descuida todos sus asuntos , e incluso en algunas ocasiones simula dedicarse a la filosofía. Además, muchas veces se dedica a la política y, saltando a la tribuna, dice y hace lo que se le ocurre por casualidad. Si alguna vez le surge admiración por los militares, se pone de su lado, y si luego le caen en gracia los hombres de negocios, entonces los apoya. No hay ningún orden ni obligación en su vida sino que, considerando que este tipo de vida es placentera, libre y dichosa, se sujeta totalmente a ella. "

Increíble la vigencia que sigue teniendo esto hoy, no? Pasaron 23 siglos. No te suena ni un poquito?

lunes, 6 de abril de 2009

Un par de cosas que decirte

No quiero quedarme ni irme sin dejarte de decir un par de cosas...
Nunca supe bien porque decidí mirarte, si siempre estoy acostumbrado a mirar para adentro.
Te vi algo, me reflejé tal vez, no me gusta pensar que las cosas pasan porque si.
Necesito que me pases por arriba un poco, nunca fui bueno en esto de ser el que manda.
Me ilusiono y desencajo, y al mismo tiempo me frustro y condeno.
Quiero cambiarme un poquitito, será que todo tiene que venir de afuera?
Y si doy un paso, me pierdo como de repente, le miro la cara a la gente y explota la burbuja
Delicadeza, dulzura, belleza, gracia, sensaciones que se desdibujan en tu ausencia; hay pocas sonrisas que disfruto tanto...
Siempre tiempo? No sé si me parece bien o mal.
Prefiero sentirte, adentro, como ese fuego que no se apaga nunca, solo ahí no te quebrás...

domingo, 8 de marzo de 2009

Um poema :)

REIR ES ARRIESGARSE A PARECER TONTO.

LLORAR ES ARRIESGARSE A PARECER SENTIMENTAL.

BUSCAR A ALGUIEN ES CORRER EL RIESGO DE INVOLUCRARSE.

EXPRESAR LOS PROPIOS SENTIMIENTOS ES ARRIESGARSE A SER RECHAZADO.

MOSTRAR TUS SUEÑOS A LA GENTE, ES ARRIESGARSE AL RIDICULO.

AMAR, AL FIN, ES ARRIESGARSE A NO SER AMADO.

IR HACIA ADELANTE CONTRA LA SUERTE, ES ARRIESGARSE A FRACASAR.

PERO DEBE CORRERSE ESE RIESGO, PORQUE EL MAYOR PELIGRO EN LA VIDA, ES NO

ARRIESGAR NUNCA NADA. EL QUE NO ARRIESGA NADA, NUNCA HACE NADA, NO TIENE

NADA, NO ES NADA. PUEDE EVITAR EL SUFRIMIENTO Y EL DOLOR, PERO NO PUEDE

APRENDER, SENTIR, CAMBIAR, CRECER… NI AMAR. ENCADENADO POR SU

SEGURIDAD Y SU CERTEZA, ES UN ESCLAVO. HA PECADO CONTRA LA LIBERTAD,

PORQUE SOLO AQUEL QUE TOMA RIESGOS, ES REALMENTE LIBRE.

Gracias Cami