Por otra parte, uno, como perteneciente a una minoría (aunque sepan que no creo) se topa, se choca contra una asimilación que no necesariamente es mala, aunque pese la herencia de que tantas generaciones desenvocan en nosotros, y nosotros no dejar pasar tanto caudal hacia el futuro. Quizás alguno piense que la verdadera identidad debe buscarse en mi condición religiosa, que data de siglos y siglos, a la "verdaderamente" pertenezco, y no en un nacionalismo del que siento parte ser pero "a la distancia"; a eso respondo que eso es lo que siento hoy, simplemente.
"Me siento argentino hasta en los defectos mas vergonzosos. Sin embargo siempre resultaba ser un bicho raro frente a la Historia que me contaban mis maestros: recité durante años una Historia sin pelea, hecha por nombres de bronce que miraban a lo lejos; aprendí un pais tan perfecto que nadie podía enamorarse de él.
No habia humanos aquí, sino argentinos, una especie de elegidos a los que la realidad, sin embargo, se les negaba. Me enseñaron que eramos los mejores, pero crecí observando que siempre nos iba mal. Anote año tras año que nuestro destino era mañana, y hasta llegué a escribir: "Soy argentino porque espero". Esperar ¿Qué? Que todo cambie, que Peron vuelva, que la dictadura termine, que llegue el verano: una larga espera sin atinar a nada, sino a que las cosas llegaran solas.
Durante mi infancia, el país le pasaba a otros y en otro lado: a lo sumo el país sucedía en el centro, a una hora de viaje colgado en el 17. En mi cuadra esperaban; se sentaban en la puerta a ver la vida que nunca terminaba de pasar...".
Pal' que tenga ganas lo lea y reflexione quizás, Say No More!
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