Sutil propuesta interior, lejano espejo del alma y regocijo alternante de propia condición. Ahí en donde te haces más frágil siempre destellas radiante como si fueses fuerte; nunca te agotas. Musa de musas, hasta arrastrarte en remolinos voraginosos sin rumbo cierto ni seguro. Vulnerarte es vulnerarme; y este ego verborrágico que no para de escupir reproches que no reprochan. Belleza pura, ingenuidad ingenua, dolor pero confort. Bloqueo sideral, casi desganado pero excitado; el final del día siempre termina en esa oscuridad insalvable. Y hasta el gusto siempre sabe igual, pero el sol rota la perspectiva. No existen más primaveras, sí primeras veces…
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